La descendente curva de Messi

1374049390_904412_1374065230_noticia_grandeLionel Messi tiene 26 años, la edad que representa la cima de la carrera de un futbolista, si se atiende al promedio de los ganadores del Balón de Oro. Si se exceptúa a Stanley Matthews, ganador de la primera edición del trofeo con 41 años, lo que podría considerarse un galardón honorífico a su larguísima trayectoria, la edad media de los vencedores es de 26,10 años. La edad debería ser el último motivo de preocupación para Messi. Lo preocupante, quizá de forma circunstancial, es la curva descendente de sus estadísticas en las dos últimas temporadas.

Todos sus números -acciones en las que participa, pases, remates y goles- decrecieron en la temporada 2012-13 con respecto a la campaña anterior, la 2011-12, la de su cénit como futbolista, al menos en términos estadísticos. En la temporada actual sus datos han decaído todavía más, hasta el punto de situarse en la mayoría de los apartados por debajo de los que materializó en la temporada 2008-09, la primera de Guardiola al frente del Barça. Pero en aquellos días, Messi no ocupaba su posición actual.

Hasta mayo de 2009, con la célebre victoria (2-6) frente al Madrid de Juande en el Bernabéu, jugó en la banda derecha, como extremo. Fue en aquel partido donde Guardiola le concedió los galones definitivos. Situó a Eto’o en la derecha y colocó a Messi como falso delantero centro, con una multiplicación casi exponencial en el número de intervenciones por encuentro.

A estas alturas de temporada, con 20 partidos de Liga registrados, las cifras de Messi sorprenden porque su actividad es menor que en sus tiempos de extremo. Es decir, cuando era un jugador importantísimo en el Barça, pero periférico. En su última temporada en la banda derecha, Messi participó, según el servicio de estadística de MARCA, en 78,90 acciones por partido. En la 2013-14, ha intervenido en 65,78 ocasiones por encuentro, una promedio muy bajo por su situación en el dibujo del equipo y, sobre todo, en comparación a las temporadas 2010-11 y 2011-12.

En la primera de ellas el Barça conquistó la Liga y la Copa de Europa, con 90,09 acciones de media, 70,72 pases de promedio y 4,51 remates por partido. En la siguiente, donde todos sus números son apoteósicos, Messi supera las 100 acciones por encuentro (101,56), el número de pases desciende ligeramente (67,40) y el número de remates se dispara hasta 5,45 de media. Ahora mismo, sus medias están en 65,78 (acciones), 43,73 (pases), 4,57 (remates) y 0,78 (goles por partido).

La etapa emergente
Los números le devuelven a la etapa donde Messi comenzaba a emerger, no al indiscutible mejor futbolista del mundo. Aunque el número de goles por partido viste muchísimo, y en eso también ha bajado considerablemente sus promedios, nada explica tanto la contribución de Messi al engranaje general del Barça que las cifras de sus intervenciones y pases. Atrás, cada vez más atrás, quedan los tiempos donde Messi parecía ubicuo, donde su participación en la rueda del juego del Barça era altísima. En términos porcentuales, su número de intervenciones ha descendido el 33% -65,78 frente a 101,56- con respecto a su mejor temporada (2011-12). Es un descenso que ya se anunciaba en la campaña anterior, la 2012-13. Bajó la media de acciones a 80,25 y el número de pases a 57,09. El declive numérico se ha acentuado en el campeonato actual.

Según las estadísticas, la trayectoria de Messi alcanzó su cénit con 24 años, después de siete años instalado como titular en el Barça. Si los números dicen algo, el fabuloso futbolista argentino ha descendido en su rendimiento y en su implicación en el juego del Barcelona. Se puede hablar de una crisis, objetiva desde el punto de vista de los números, subjetiva desde la consideración que cada cual haga de las actuaciones de Messi. Tampoco explican las cifras las razones de la curva descendente. Es cierto que ha atravesado con más frecuencia por lesiones musculares, tanto en la temporada anterior como en la actual, y que su nombre se ha visto envuelto en problemas extradeportivos -la causa con la Hacienda española- que seguramente son elementos de distracción. Pero la realidad es que algo pasa con Messi.

Selección de partidos
Se ha dicho, a veces en sorprendentes términos elogiosos, que Messi comenzaba a elegir muy detalladamente sus intervenciones en los partidos, frente a la arrolladora naturaleza de sus años anteriores, cuando Messi amenazaba con el gol desde cualquier parte del campo. Una mirada a sus goles describe un comportamiento diferente del jugador argentino: cada vez son menos los goles con más de dos o tres regates, o con jugadas largas, y cada vez son más habituales los goles donde Messi llega al remate. Esa pérdida de la exuberancia está representada de alguna manera en las estadísticas: son peores en casi todos los órdenes.

No hay una regla que marque el apogeo y el declive de un futbolista: George Best ganó el Balón de Oro con 22 años y desapareció del mapa con 25, y algo parecido se puede decir de Ronaldinho, máxima figura del fútbol mundial con 25 años, antes de desplomarse a partir de 2006, después de su decepcionante actuación en la Copa del Mundo que se celebró en Alemania. Maradona salió del Barça en 1984, con 24 años y sin un título de Liga. Dos años después, a la edad actual de Messi, ganó la Copa del Mundo en una de las actuaciones más memorables que se recuerdan en la historia del fútbol.

Cada futbolista es un mundo. Algunos han despegado sin mucha efervescencia. La consagración de Zidane comenzó a gestarse a los 23 ó 24. Otros han cubierto una doble trayectoria de éxitos, en sus primeros años y en la parte más cercana a los 30. El caso de Ronaldo, un jugador castigadísimo por las lesiones, dice mucho en este sentido.

Por edad, experiencia y cualidades naturales, Messi tiene grandes años por delante. Podrían ser los mejores de su vida, si se remite a los que han hecho astros del calibre de Pelé, Di Stéfano o Cristiano. Sin embargo, algunos datos hablan de un jugador que está lejos del rendimiento que le convirtió en el mejor del mundo, quizá de la historia. Ese Messi no es el de ahora.

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