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España goleó 2-4 a Italia en la final de la Europa Sub-21

Spain-s-Thiago-Alcantara-lists_54376094166_54145916424_724_270La Rojita culminó su obra y levantó hacia el cielo de Israel el título que le acredita como mejor equipo del Continente. Una generación más. Otra. Quién no atisba un relevo placentero para la Selección cuando comprueba lo que viene por debajo. España, fiel a su estilo, se encontró cómoda con el balón, a diferencia de lo que siempre ocurrió cuando hubo un conjunto italiano enfrente. Illarra hizo coberturas por todo el equipo y Thiago y Koke aparecieron y desaparecieron, arrastrando con ellos a Insigne y Florenzi. Una pesadilla constante. El primero en morder la yugular de Italia, sin embargo, fue Morata. Su reverso de espaldas hacia fuera rompió a Florenzi y el posterior centro lo aprovechó Thiago llegando desde atrás como un tren, al estilo Silva en la final de la Eurocopa absoluta en Kiev. Hasta el último día demostró Morata el nivel de forma tan espléndido en el que llegó a este torneo, además de su ramillete de recursos que le transforman en algo más que un nueve rematador.

La final se ponía de cara demasiado pronto, Thiago se gustaba, Isco la pedía, pero Italia no sólo es un equipo de futbolistas con camiseta azul. Es mucho más. Es todo carácter. Así, en un balón largó que cogió despistado a Íñigo Martínez empató Inmobile, qué control el suyo. Empezaba de nuevo la historia, tocaba escribirla de nuevo, y a España le costó asimilarlo. Borini pudo marcar, pero ahí apareció De Gea para, esta vez sí, salvar el mano a mano. Los de Lopetegui reaccionaron con gran personalidad. Illarramendi y Koke asumieron la salida de balón y Thiago se descolgó hacia el área, probablemente la posición en la que mejor rinde.

Morata se topó con Bardi en un pase majestuoso del hispano-brasileño y Koke casi marcó de tacón en un buen pase de Tello. La calidad española en tres cuartos hacia mucho daño a la defensa italiana, débil como Maldini, Baresi y demás históricos zaguerros azzurri jamás hubieran imaginado. El gol se olía y llegó en un remate de Thiago tras un error mayúsculo de su marcador. La ventaja no fue lo mejor, sin embargo. Lo mejor fue la sensación de que no había solución para semejante ataque. La siguiente jugada lo corroboró. Tello se echó larga la pelota y Donati le derribó dentro del área de forma inocente. El regalo lo abrió Thiago para firmar su hat-trick de la noche, MVP indiscutible.

El doble golpe estiró como un chicle el partido, lo cual favorecía irremediablemente a España. Italia arriesgó y dejó espacios por los que cada avance español significaba una tortura. Thiago, Tello, cualquiera que se preciara, crujía a los defensas italianos cuando les desafiaban. Incluso se fueron sumando a la fiesta jugadores como Montoya, que en una de sus subidas provocó otro penalti absurdo de Bianchetti. Isco no falló y España se sintió libre, campeona con media hora por delante, feliz el día que más difícil es serlo. Ni el tanto de Borini a diez minutos del final rebajó esa euforia. El futuro pinta de rojo. El rojo de Isco, de Thiago, de Morata, de esta fenomenal generación que ya es campeona de Europa. Con ellos soñar sale gratis.

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